Entrevista a Pedro Meyer, por Analía Lorenzo




Es un prócer de la fotografía, el primer artista multimedia del mundo, autor de la retrospectiva simultánea e internacional más grande que se haya hecho en la historia, fundador del Consejo Mexicano de Fotografía y uno de los principales propulsores de la fotografía latinoamericana y digital. Hace 25 años preanunció la muerte de la foto de película, hoy con su Ipad en la mesa, asegura que estamos presenciando un nuevo cambio de paradigma cultural.

Homo Tecnológicus

Por Analía Lorenzo.

El relato de su vida, que bien se puede reconstruir mirando su obra, comienza en una España no elegida. Sus padres vivían en la península Ibérica, se habían trasladado de su Alemania natal buscando refugio pero cuando se desató la guerra civil española, ambos bandos -franquistas y republicanos- cada uno tenía enemigos: unos los judíos y otros los alemanes. “Y mis padres eran judíos alemanes y tuvieron que salir huyendo de España hacia México”. Su padre inmediatamente se hizo mexicano, a diferencia de muchos exiliados que solo vinieron a pasar la tormenta, los Meyer llegaron para quedarse y hacer historia en este país.
En su niñez, Pedro comenzó a interesarse por la fotografía y, como su padre, exportaba productos desde Japón, prontamente tuvo su primer encuentro con este arte: “Es curioso porque el primer contacto con la tecnología fue justamente con la fotografía cuando yo tenía pocos años al ver la aparición de la imagen dentro de una charolita de revelado... En ese momento la tecnología era eso, pero ahora hablamos del mundo analógico y queda rezagado en nuestro imaginario y pensamos en tecnología sólo con respecto al mundo digital”. Un segundo episodio tecnológico que marcaría su vida fue a los 13 años, cuando se puso a trabajar al lado de un amigo de la familia en la reparación de unas primerísimas grabadoras de voz que “en aquel entonces grababan sobre un hilo de metal, anteriores incluso a las grabadoras de cinta”. A raíz del trabajo de su padre, también tuvo su primera cámara estereoscópica: “Todavía tengo esas fotos. Mi padre y yo siempre fuimos muy curiosos de la tecnología, él me traía cámaras y cada una de ellas, me intrigaba”.
No es casual, entonces, que una de las obras parteaguas de Meyer “Fotografío para recordar” tenga como protagonista a sus padres; pero no se trata de una biografía, es el retrato multimedia de sus últimos años, una intimidad revelada, fotos para no olvidar. Esta obra de 1991 tiene el extraordinario mérito de ser la primera presentada en CDRoom y, por tal, su autor es considerado el primer artista multimedia del mundo. A 20 años de aquella proeza artística en plataforma digital, Pedro prepara una versión de la obra exclusivamente para Ipad, sumándose a una tendencia de vanguardia que exige contenidos exclusivos para estas plataformas.
–¿Cómo fue fotografiar algo tan íntimo como la muerte de sus padres?
– Yo siempre los fotografié, siempre tomo fotos de todo lo que pasa. Para mis padres verme con la cámara era como ver flores en la maceta, no era sorprendente. Era parte de la cotideaneidad.
–¿Va a agregar material para esta versión Ipad?
– Muy poco, un epílogo de tres minutos en el que me pregunto ¿qué pasó en estos 20 años? Nació otro hijo mío que se convirtió en un joven, nacieron mis tres nietas, me casé de nuevo, apareció toda la fotografía digital...

Nuevo paradigma. Hace 25 años, Meyer anunció la desaparición de la fotografía con película, es decir, análoga. Entonces y, según sus propias palabras, casi lo “crucifican”, en las escuelas de fotografía lo trataron como pájaro de mal agüero cuando en realidad era un visionario. “Yo lo dije en ese momento pero no me hacían caso porque no habían descubierto las bondades de lo digital”. Y, como un sociólogo, desmenuza algunas constantes de las sociedades, dice que están los early adopters que tienen curiosidad o visión; además siempre están los grupos refractarios a la tecnología, simplemente no la van a usar jamás; y otro grupo, más grande, que se tarda tiempo en comprender las ventajas “porque la gente debe ver de primera mano una ventaja”.
Y, lo digital tiene ventajas reales, asegura el maestro, conciente de las consecuencias culturales que generan. “Me parece fascinante porque las implicaciones de las nuevas tecnologías siempre van mucho más allá de la existencia del aparato. En el arte, por ejemplo, cambia todo porque puedes hacer muchas cosas que antes no, entonces, hay una constante innovación creativa en los medios de expresión del individuo y eso es fascinante”.
Inmediatamente comienza a hablar del Ipad, una tecnología muy criticada incluso ante de que saliera a la venta. “No es nada más un gatchet nuevo, al decir eso, implícitamete hay una actitud de desprecio, no es admiración, es interesante que semanas antes de que alguien tuviera un Ipad en sus manos hubo cientos y cientos de columnistas que lo despreciaban, ni siquiera lo habían visto ¿como se atreven? Hablan de algo que nunca tuvieron en sus manos, eso habla más de los periodistas que del Ipad. Yo no estoy diciendo que todo lo que sale tiene que ser bien visto, pero por lo menos tienen la obligación de hacer reflexiones inteligentes sobre cosas que les consta, no que se imaginan”. Él fue uno de los primeros compradores (imagíneselo apostado a las tres de la mañana en la tienda de New York) y asegura que desde la aparición de las computadoras personales, hace 30 años, este aparato “es un cambio de paradigma total, basado en la sensibilidad de la pantalla, completamente intuitivo”.
Y con la seguridad de un profeta enumera: “Fíjate, todas las marcas de cámaras analógicas quebraron, excepto las japonesas, todas quebraron porque se aferraron a lo analógico, cuando vieron que se les caía el teatro, ya fue tarde”. Otro ejemplo: “Microsoft el fabricante más grande de soft del mundo, el 92% de las máquinas tienen ese software, y tan solo en cuatro años se fue para abajo.  Hace diez años, el presidente de Dell le dijo a Apple que lo mejor era cerrar y repartir el dinero, el valor de mercado de Dell hoy es de 16 billones de dólares; Apple, en efectivo, en ganancias, tiene 47 billones de dólares, puede comprar dos veces a Dell”.
Lo mismo, asegura, pasa con los individuos: “si tu no te estás actualizando te aseguro que tienes las horas contadas con respecto a tu futuro profesional. Hay que replantearse el trabajo hacia otras salidas, hay quienes lo hacen y exitosamente; otros se quedan como conejos encandilados”.

Mundo abierto. “¿A mi hijo en la escuela le van a enseñar a usar un cuarto oscuro? ¿Qué clase de institución es esa?”, se exhalta Pedro Meyer, el vanguardista. “No hay un solo punto que reivindique semejante tontería: lo análogo contamina, ya no se consiguen ni los materiales, no hay razones válidas”
–¿Y la cuestión romántica de ver aparecer la foto en la charola?
–¡Se tiene que sustituir por la emoción que te generan las herramientas de hoy! Los educan para un mundo que ya no es, que ya no existe.
Estamos, sostiene Pedro, en un punto crucial en el que la mayoría de nuestras actividades están sufriendo cambios a raíz de lo tecnológico. Está cambiando “la naturaleza de la actividad que llamamos lectura”, el trabajo, el valor y el tenor de los contenidos, los formatos: “El nuevo paradigma es un mundo abierto no aquel de los mundos cerrados, pero eso no es tan fácil de entender, hay que replantear criterios en todos los ámbitos”.
Y de esta amplitud también ha dado fe con los hechos, Meyer es el autor de la exposición más grande de arte que se haya hecho en la  historia, en 60 museos y 17 países simultáneamente y cada exposición fue distinta. “Cada museo mostró algo diferente, con lo cual demostré que si querían hablar de Pedro Meyer cada uno iba a decir distintas cosas distintas porque es un absurdo plantear que se puede controlar la experiencia de ver una obra ”.
Esta odisea fotográfica fue posible gracias a otro concepto que el artista tiene en claro: la base de datos. A colación de este tema trae a la mesa el archivo Casasola, de los más importantes del país.
“El archivo Casasola tiene un millon de fotos pero sólo se pueden ver en dos computadoras, una en Colonia Roma y otra en Pachuca... te pones a pensar que no es lógico, entonces preguntas y te responden que prontamente van a tener cuatro computadoras ¿qué es eso? ¡Conocen más en el mundo mi archivo personal que el Casasola!”
Para hacer Herejías (la muestra simultánea) simplemente les dio a los curadores el archivo completo de su trabajo y así fue posible realizar 60 exhibiciones diferentes. “Muchos fotógrafos piensan en que solo van a mostrar sus obras elegidas, lo hacen por miedo a que se sepa la verdad que es que cualquier fotógrafo toma muchas fotos poco interesantes pero ¿con qué criterio algunas son buenas y otras no? Con el criterio que le asiste hoy pero los juicios de valor no son para la eternidad, sino para un momento. Hay que enteneder la foto con otra dinámica, no es el negativo sino cómo llegué a esa toma. Por eso insisto hay que transformar archivos muertos en vivos”.

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