Las ciudades invisibles


LAS CIUDADES Y LOS OJOS. 2

Es el humor de quien la mira el que da a la ciudad de Zemrude su forma. Si
pasas silbando, con la nariz levantada detrás del silbido, la conocerás de abajo para
arriba: antepechos, cortinas que se agitan, surtidores. Si caminas con el mentón sobre
el pecho, con las uñas clavadas en las palmas, tus miradas se enredarán al ras del
suelo en el agua de la calzada, las alcantarillas, las espinas de pescado, los papeles
sucios. No puedo decir que un aspecto de la ciudad sea más verdadero que el otro,
pero de la Zemrude de arriba oyes hablar sobre todo a quien la recuerda hundido en
la Zemrude de abajo, recorriendo todos los días los mismos tramos de calle y
encontrando por la mañana el malhumor del día anterior incrustado al pie de las
paredes. Para todos, tarde o temprano, llega el día en que bajamos la mirada a lo
largo de los caños de las canaletas y no conseguimos despegarlos más del pavimento.
El caso inverso no está excluido, pero es más raro: por eso seguimos dando vueltas
por las calles de Zemrude con los ojos que ahora cavan debajo de los sótanos, de los
cimientos, de los pozos.

Ítalo Calvino

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