Historias de fotógrafos


De tooodas las fotos de Henri Cartier-Bresson, el máster class del momento decisivo y padre de dogmas que mi maestro Fontcuberta destruyó para siempre (Fontcuberta, el lúcido), yo me quedo con ésta. Amo esta foto, nunca me canso de verla. Esa felicidad, esa cara de orgullosa felicidad infantil, ahí está, ese pequeño francés portando con su encargo y despertando los suspiros de las niñas del barrio. Le creo a esta foto, le agradezco esta foto, porque cuando la veo siento que el mundo es bueno y cabe en esa sonrisa, en ese mentón levantadito, en los cuchicheos de las niñas y en esas dos botellas de vino.

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