Sábado 20 de junio: una gira mágica y misteriosa

El día sábado 20 de junio estaremos visitando un lugar muy particular: El Paraíso, la casa de Manuel Mujica Láinez en Cruz Chica, cerquita de La Cumbre. Una casa llena de objetos preciosos traídos de sus viajes, y poblada de la magia y el misterio de los personajes de sus libros. Y para terminar el día estupendamente, regresaremos por El Camino de los Artesanos que une La Cumbre con Villa Giardino, y allí tomaremos una merienda.
El costo del viaje incluye el transporte privado, refrigerio, merienda, entradas a El Paraíso y visita guiada. Los cupos son limitados. ¡No te lo pierdas!

Puerta de El Paraíso, foto extraída de http://www.flickr.com/photos/24398536@N03/3188719653


La casa de Manuel Mujica Láinez

La residencia El Paraíso, de claro estilo español, fue diseñada por el arquitecto León Dourge, encargo de Ramón Avelino Cabezas, y fue terminada de construir en 1922. Enclavada en un pequeño valle, forma parte de un predio original de 24 hectáreas, y era la casa central de otras seis construidas en el lugar. A fines de la década del 60 la adquiere Manuel Mujica Láinez, un 19 de octubre de 1968 que siempre llevó en su memoria:

"La descubrí por azar, paseando. Un cartel unía su nombre a la información de que estaba en venta, y quizás en mi subconsciente, la magia de ese nombre operó de inmediato, pues ella hacía espejar la posibilidad de Invitados al Paraíso convirtiese en realidad lo creado misteriosamente por la imaginación".

Sin duda alguna el escritor dejó su sello personal en esta construcción que fue habilitada al público el 9 de julio de 1987, tres años después de su muerte. Visitar sus amplios ambientes presupone encontrarse con la cultura del mundo. En el fumoir se hallan las Chantay, muñecas peruanas relacionadas con el mundo de la muerte, las tallas Shi - Pei del Tibet, imágenes religiosas, la colección de las cerámicas de los siete demonios y porcelanas chinas de la dinastía Ming del siglo XVIII, además de collares de Turquía y Grecia, hasta una colección de ceniceros de todo el mundo. Al frente el comedor con las sillas y mesa de roble procedentes de la familia Láinez Varela, un gran tapiz de Clara Díaz, que recuerda su libro El Escarabajo, además de óleos de Raúl Soldi, Héctor Basaldúa y Vitorica, entre otros. El pasillo de acceso al salón principal tiene sus paredes cubiertas de fotos, diplomas y cartas, las acuarelas de Haztini Halis, el dibujo de Bruckman y la máscara del escarabajo. En el salón de los retratos, los cuadros de su familia, como el óleo que González Moreno que muestra la imagen de Manuela Dorrego de Láinez; también están Florencio Varela, Vicente Cané, Eulalia Balbastro, Justo Varela de Lainez, José María Alvear, junto a otros que conforman una estupenda colección. No pasan inadvertidos sus cartas, papeles, manuscritos y la sala de las caricaturas. La inmensa biblioteca, cerrada al público, contiene alrededor de 15000 volúmenes todavía en proceso de clasificación. De allí el recorrido se extiende al primer piso, donde prolijamente están sus recuerdos personales, las cajas ordenadas alfabéticamente con su correspondencia, y al frente el dormitorio y el baño con una esotérica colección de fetiches. Al salir por la puerta principal, se pueden admirar la escultura de José María Suhurt, que contiene todas las obras de Manucho, y la magnífica puerta que el escritor no pudo ver y que representa a Adán y Eva precisamente en este lugar.

Desde un recoleto rincón el Hombrecito del Azulejo nos despide de la casa, como un mágico duende, que despierta en quienes la visitan la sensibilidad de encontrarse en un mundo fantástico, como lo fuera en su vida Manuel Mujica Láinez.

Manuel Mujica Láinez con su perro Cecil en El Paraíso

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